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martes, 3 de febrero de 2015

Gone girl



"Perdida" (2014) David Fincher  (EEUU)

Debería revisarla en v.o. para juzgar con criterio a Rosamund Pike. Por el resto ya vale lo que opino. Así, de pasada, no está mal, vale para una sobremesa larga, pero tampoco es nada del otro jueves.

Película de David Fincher, que entre otras tiene en su haber, "Seven", y la buenísima "El club de la lucha", buena tarjeta de presentación. Y ya dice el dicho que más vale caer en gracia que ser gracioso, porque los críticos, en bloque, se ponen de su lado loando aquello que es normal a nivel sobrenatural.



Actuaciones; me quedo con la de Carrie Coon en el rol de la hermana melliza de Ben Affleck, por paliza. Resultan interesantes los pechos de Emily Ratajkowski, que sobraban, pero ya que los muestra pues no cierras los ojos, para qué, es una bonita imagen. El rol del abogado, Tyler Perry, es exótico, demasiado hilarante y vendedor de estereotipos yanquis. La investigadora policial, Kim Dickens, una maleducada que parece que en el extremo de una extremidad superior lleva pegado de forma perenne un vaso de cartón con un supuesto café, desacertado y terriblemente falto de respeto cuando entras en una vivienda que acaba de denunciar una desaparición, no sé a ustedes pero a mí no me gustaría, creo que se lo diría a la de ¡ya!, pero bueno dejémoslo pasar. Rosamund Pike, lo hace bien para lo que el guion le deja, pocos diálogos, muchos silencios y tiene un algo que me chirría, no sé el qué, pero no consigo apreciar o valorar el talento que debe poseer; las caligrafías me encantaron, desconozco de quién serán pero me encantaron, que letra tan bonita, legible, clara, armoniosa, pero demasiado poco para ensalzar una obra de 2 horas y media. Ben Affleck, tiene actuaciones mejores, no está mal, pero tampoco me convence aunque el guion tiene también su parte. Neil Patrick Harris, muy elegante, más lo es Colin Firth, pero su porte erguido, sus elegantes gestos, su estlizada figura me recuerda David Niven; de su actuación, mejor lo omitimos que el guion es el que es, y ya se dice que de dónde no hay no se saca.


Cuando se conocen, son demasiado perfectos, demasiado hábiles con las palabras, puede ser, pero se me hace dificil de creer, antes me quedo con la elegante puesta en escena de un Brad Pitt que hace tambalear la cabeza de Claire Forlani durante un desayuno en "Conoces a Joe Black", más mundano, menos ingenioso y más posibilista en términos de universalidad. No obstante, no todo es malo, o regular, ya que me fascinó la escena en la que ella, Rosamund Pike, le dice a un desinteresado y voluntarioso Ben Affleck, un "me gustas mucho" muy apropiado, bien actuado, creible, acertado, pelín interesado y humano.

El guion nos exhibe un coito de campeón, con la que se te viene encima, la sangre te fluye sin compasión para ejercer el rol que nos concedió la naturaleza, es mi héroe de sábanas, al nivel del que Michael Douglas le obsequia a su psiquiatra favorita en "Instinto básico".

En resumen, al guionista la imaginación no le fue otorgada con tiempo suficiente para completar una buena historia, quedando con flashes de algo que quiere y no alcanza.

Creo que, si me aburro, vuelva a verla en v.o. para calibrar diálogos y salvar más a los actores, sobre todo prestaré más atención a Rosamund Pike, su gesticulación y actuación en general, que puede se me pase por alto y sea injusto en mi comentario.

El final, pues al nivel de la película, pretencioso por pretender terminar a lo exorcista, y no, ni está a su nivel, ni se lo merece la historia. Prefiero por ejemplo "Lo que la verdad esconde", "Winter's bone" o incluso la falsa, pero interesante, "Fracture"

miércoles, 31 de julio de 2013

Das weisse band (The white ribbon)

La cinta blanca (2009) Michael Haneke – Alemania

No estoy seguro de si la historia que voy a contarles es totalmente cierta, mucho lo sé de oídas, pero después de tantos años sigo sin descifrar algunas cosas e innumerables preguntas siguen todavía sin respuesta, pero creo que tengo que contar los extraños acontecimientos que tuvieron lugar en nuestro pueblo, ya que posiblemente podrían aclarar algunos de los sucesos que ocurrieron después en este país

Es la introducción del narrador a “La cinta blanca”. Haneke lo deja abierto, a nuestro albedrío, que nos respondamos a qué sucesos se refiere.

Tratándose de la Alemania en puertas de la I Guerra Mundial, girando la historia en torno a padres e hijos, resulta inevitable evocar el cercano nacimiento y proliferación del nazismo, poco albedrío nos queda. Dejémoslo en “albedrío aparente”, sutileza que nos dedica nuestro amigo Michael.

Cualquier intento de justificación del nazismo es lícito calificarlo de despreciable. Malsano ejercicio en el que no debemos perder un instante de nuestro pensamiento, sin más porque no hay más. El destino existe, y Haneke nos intenta transportar a lo predestinado, como siempre de forma engañosa, parcial, consciente y punible.

Si obviamos este detalle, no menor, pero si detalle, encontraremos  una película nada desdeñable, una buena película, cine muy bien hecho y una historia que me ha gustado.

Conociendo algo del cine de su director, no podemos esperar nada que no forme parte de su universo pecaminoso, insano, dominante, autoritario, sumiso, desviado,… pero, en este caso,  al abrigo de una época que lo contenía en medida y que parcial o totalmente también forma parte de la nuestra.

Es lo que muestra sin abrir la filmación al universo. No nos permite una visión más cierta, menos direccionada, más completa. A tener en consideración que nos habla de un pueblo y de la globalidad que ocurre en él, en toda su población.

Todo acontecerá en un pueblo alemán. En él dibujará los personajes,  y así iremos conociendo al narrador de la historia, profesor del pueblo; el pastor y su familia, líder espiritual de la comunidad y padre de dos hijos, entre otros, en los albores de la adolescencia, adornados con guirnaldas que focalizarán nuestra atención; el barón, la baronesa, su hijo y los mellizos; el médico y sus dos hijos, la comadrona y su hijo deficiente, algún campesino que verá alterada su familia, también con hijos, el administrador, ¡cómo no!, con hijos, y alguna nota policial a los que no supe ver si también los tenían. Persistencia e insistencia en los hijos, herederos de su subliminal y despreciable mensaje.

Y Haneke, no sólo condiciona el destino, sino que su cine no deja nada al azar, está todo medido y calculado, lo bueno, lo menos bueno, y un mucho de malo.

Dentro del conjunto, la historia irá describiendo a cada personaje, sus miedos, sus creencias y convicciones, sus carencias, sus deseos más repulsivos, y una cinta blanca que unido al deficiente es lo único que destila pureza, ingenuidad y bondad.

Haneke deja la pureza en manos de lo inerte, bien por ser meramente un objeto, la cinta, bien por no disponer de mente, el deficiente. Nos viene a decir más o menos que todo ser dotado de razón es impuro. Su maximalismo unidireccional me pone enfermo.

Filmada en blanco y negro, preciosista en la ambientación, en este caso con exteriores que trasladan dicotomía, residiendo siempre los claros sobre objetos, campos de trigo, transcurrir del cauce de un río, o caminos del pueblo,  y los negros sobre las personas; con el empleo de la oscuridad no sólo en las búsquedas nocturnas que acontecen, sino también en las viviendas de habitaciones no iluminadas. Todo de impecable fotografía, que nos lleva a una visión aséptica, definición que atribuyo a mi buen amigo Cristóbal y apropiada en global para describir la forma de filmar de Haneke.

En verdad, Haneke, muestra, y tanto que muestra, pero sólo lo que a él le interesa mostrar.

Tenemos por delante un relato de intriga, que seguiremos con interés y que narra con maestría.

Existen multiplicidad de escenas dignas de ser recordadas, a citar la cena inexistente en casa del pastor ante la tardanza de dos de sus hijos, los de mayor edad; el tratamiento de la muerte de tres formas distintas, una en una disertación entre hermanos que a mí no me ha convencido, pretenciosa, simple y mal terminada, y otras dos, mudas, una de un adulto y otra de un niño frente a un cadáver, sin que lo que escribo sea spoiler en caso alguno, que la obra no va de muertos ni de muertes, pero si con la muerte presente en su ideario, muerte a la que dará cancha a sus anchas en “Amour”, posterior a “La cinta blanca”.


También disponemos de un diálogo entre médico y comadrona memorable y detestable; una fiesta de celebración de la recogida del trigo ante la casa del Barón, que traslada dominancia y sumisión por miedo a la hambruna, escena en la que el blanco aglutina dominancia y negro sumisión. Una referencia a la masturbación nada sorprendente, y actitudes de machismo intermitente, que bien debían haber sido de machismo persistente, de machismo dominante.


Los actores están todos en un buen nivel, ningún papel predomina a excepción del líder espiritual que quizás es el que tiene más minutaje, pero a diferencia de “Amour “, “La pianiste” o “Funny games” no existe rol femenino protagonista que acapare la obra.

Me gustaría decir que jamás volveré a ver una película de este director, pero años y prudencia, dejando al margen afición, me hacen decir nunca digas nunca, digamos un ya veremos.

En resumen, buen cine, muy buen cine, buena historia, con un final ambiguo, que nos mantendrá interesados. Cine muy bien hecho en el que si obviamos la introducción, podremos disfrutar de una intriga expresada con ritmo pausado, al ritmo del hacer de un pueblo.

Si gustas de lo bien hecho se debe ver. Si gustas de historias completas la puedes obviar, Haneke siempre es parcial, voluntaria y conscientemente parcial.