Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta Haneke. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Haneke. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de julio de 2013

Das weisse band (The white ribbon)

La cinta blanca (2009) Michael Haneke – Alemania

No estoy seguro de si la historia que voy a contarles es totalmente cierta, mucho lo sé de oídas, pero después de tantos años sigo sin descifrar algunas cosas e innumerables preguntas siguen todavía sin respuesta, pero creo que tengo que contar los extraños acontecimientos que tuvieron lugar en nuestro pueblo, ya que posiblemente podrían aclarar algunos de los sucesos que ocurrieron después en este país

Es la introducción del narrador a “La cinta blanca”. Haneke lo deja abierto, a nuestro albedrío, que nos respondamos a qué sucesos se refiere.

Tratándose de la Alemania en puertas de la I Guerra Mundial, girando la historia en torno a padres e hijos, resulta inevitable evocar el cercano nacimiento y proliferación del nazismo, poco albedrío nos queda. Dejémoslo en “albedrío aparente”, sutileza que nos dedica nuestro amigo Michael.

Cualquier intento de justificación del nazismo es lícito calificarlo de despreciable. Malsano ejercicio en el que no debemos perder un instante de nuestro pensamiento, sin más porque no hay más. El destino existe, y Haneke nos intenta transportar a lo predestinado, como siempre de forma engañosa, parcial, consciente y punible.

Si obviamos este detalle, no menor, pero si detalle, encontraremos  una película nada desdeñable, una buena película, cine muy bien hecho y una historia que me ha gustado.

Conociendo algo del cine de su director, no podemos esperar nada que no forme parte de su universo pecaminoso, insano, dominante, autoritario, sumiso, desviado,… pero, en este caso,  al abrigo de una época que lo contenía en medida y que parcial o totalmente también forma parte de la nuestra.

Es lo que muestra sin abrir la filmación al universo. No nos permite una visión más cierta, menos direccionada, más completa. A tener en consideración que nos habla de un pueblo y de la globalidad que ocurre en él, en toda su población.

Todo acontecerá en un pueblo alemán. En él dibujará los personajes,  y así iremos conociendo al narrador de la historia, profesor del pueblo; el pastor y su familia, líder espiritual de la comunidad y padre de dos hijos, entre otros, en los albores de la adolescencia, adornados con guirnaldas que focalizarán nuestra atención; el barón, la baronesa, su hijo y los mellizos; el médico y sus dos hijos, la comadrona y su hijo deficiente, algún campesino que verá alterada su familia, también con hijos, el administrador, ¡cómo no!, con hijos, y alguna nota policial a los que no supe ver si también los tenían. Persistencia e insistencia en los hijos, herederos de su subliminal y despreciable mensaje.

Y Haneke, no sólo condiciona el destino, sino que su cine no deja nada al azar, está todo medido y calculado, lo bueno, lo menos bueno, y un mucho de malo.

Dentro del conjunto, la historia irá describiendo a cada personaje, sus miedos, sus creencias y convicciones, sus carencias, sus deseos más repulsivos, y una cinta blanca que unido al deficiente es lo único que destila pureza, ingenuidad y bondad.

Haneke deja la pureza en manos de lo inerte, bien por ser meramente un objeto, la cinta, bien por no disponer de mente, el deficiente. Nos viene a decir más o menos que todo ser dotado de razón es impuro. Su maximalismo unidireccional me pone enfermo.

Filmada en blanco y negro, preciosista en la ambientación, en este caso con exteriores que trasladan dicotomía, residiendo siempre los claros sobre objetos, campos de trigo, transcurrir del cauce de un río, o caminos del pueblo,  y los negros sobre las personas; con el empleo de la oscuridad no sólo en las búsquedas nocturnas que acontecen, sino también en las viviendas de habitaciones no iluminadas. Todo de impecable fotografía, que nos lleva a una visión aséptica, definición que atribuyo a mi buen amigo Cristóbal y apropiada en global para describir la forma de filmar de Haneke.

En verdad, Haneke, muestra, y tanto que muestra, pero sólo lo que a él le interesa mostrar.

Tenemos por delante un relato de intriga, que seguiremos con interés y que narra con maestría.

Existen multiplicidad de escenas dignas de ser recordadas, a citar la cena inexistente en casa del pastor ante la tardanza de dos de sus hijos, los de mayor edad; el tratamiento de la muerte de tres formas distintas, una en una disertación entre hermanos que a mí no me ha convencido, pretenciosa, simple y mal terminada, y otras dos, mudas, una de un adulto y otra de un niño frente a un cadáver, sin que lo que escribo sea spoiler en caso alguno, que la obra no va de muertos ni de muertes, pero si con la muerte presente en su ideario, muerte a la que dará cancha a sus anchas en “Amour”, posterior a “La cinta blanca”.


También disponemos de un diálogo entre médico y comadrona memorable y detestable; una fiesta de celebración de la recogida del trigo ante la casa del Barón, que traslada dominancia y sumisión por miedo a la hambruna, escena en la que el blanco aglutina dominancia y negro sumisión. Una referencia a la masturbación nada sorprendente, y actitudes de machismo intermitente, que bien debían haber sido de machismo persistente, de machismo dominante.


Los actores están todos en un buen nivel, ningún papel predomina a excepción del líder espiritual que quizás es el que tiene más minutaje, pero a diferencia de “Amour “, “La pianiste” o “Funny games” no existe rol femenino protagonista que acapare la obra.

Me gustaría decir que jamás volveré a ver una película de este director, pero años y prudencia, dejando al margen afición, me hacen decir nunca digas nunca, digamos un ya veremos.

En resumen, buen cine, muy buen cine, buena historia, con un final ambiguo, que nos mantendrá interesados. Cine muy bien hecho en el que si obviamos la introducción, podremos disfrutar de una intriga expresada con ritmo pausado, al ritmo del hacer de un pueblo.

Si gustas de lo bien hecho se debe ver. Si gustas de historias completas la puedes obviar, Haneke siempre es parcial, voluntaria y conscientemente parcial.

viernes, 26 de julio de 2013

Funny Games

Juegos divertidos (1997) Michael Haneke – Austria

Creo que para leer en plenitud esta opinión, es recomendable leer previamente las de  “Amour” y “La pianiste”, que es el orden de visionado que seguí de las obras de este señor.

“Funny games”…después de haber visto “Amor” y “La pianista”, veo “Funny games”, anterior a las dos que cito, la primera, la de 1997…

No veré la segunda, el remake USA, no tengo interés, me gusta Naomi Watts, pero para ver esto, pues como que tampoco. Además como está hecha también por Haneke, ocuparé el tiempo en algo más productivo, que mí tiempo es finito.

Me queda por ver una película de Haneke, “La cinta blanca”, la que me despierta más interés y la que quizás me haga cambiar de opinión.

Si ahora valoro la obra de Haneke, porque al final ya no hablo de la película, hablo de él, y hablo de él porque su ego no permite que hable del resto, ¿qué pienso?, pues, que para mí, es un trilero, es un tahúr de carta marcada, es un egocéntrico, que tiene capacidad para hacerlo bien, que lo hace bien, pero también hay gente que es muy buena en otros ámbitos que luego en su hacer es perversa, y no conviene a nuestra sociedad, y Haneke no conviene a nuestra sociedad, no conviene a nuestra sociedad porque la enfermedad está instalada en sí mismo,  es lo que me traslada Haneke, y el contagio no lo percibo como benigno.

Si la vida consistiera en sacar una bola de una urna para cambiar la nuestra, y estuviera obligado a extraer una, no desearía que mi bola fuera la de Haneke, con todo su éxito y su reconocimiento, prefiero sin dudar otra más cotidiana, menos brillante, más limitada, más gregaria. No quiero, no quiero ni este éxito ni este reconocimiento, yo no lo quiero.

Vamos a la película. Los actores. Pues como en las otras, como en “La pianista” y como en “Amor” están muy bien elegidos, son muy buenos y están muy bien dirigidos, y realmente el uso que hace de los primeros planos es apropiado y traslada con cierta facilidad, porque como los temas ya son transgresores y próximos a despertar un sentimiento entre repulsión, asco, temor, sorpresa e incomodidad, también lo hace más fácil. Quizás es mucho más complejo hacer una… una obra cómica y hacernos reír. Es más sencillo hacer sentir asco y repulsión, y  más si te centras en ello, y te explayas, y te recreas; él, de hecho, se recrea, se explaya y se centra.

Vamos a salvar a quien sea salvable. Vamos a salvar actores.

Ella, la madre, vuelve a ser más de lo mismo, lo visto en el papel de “La pianista”. De una brillantez bestial, como dije bestial en “La pianista”, que te lo hace llegar de manera que impresiona.

¿El papel de él?, el papel de él, el marido, es bastante flojo. Ni cuando tiene que rendir culto a la sorpresa lo hace de manera próxima, ni de una manera realista, pero bueno, es la que es, no todo el mundo puede estar al mismo nivel porque sino todos seríamos iguales.

¿El niño?, el hijo. Bueno, pues el niño sin tirar de brillantez defiende el papel, y cumple, cumple en una obra en la que no habría dejado o permitido que mi hijo participara. Esto también daría que pensar, ¿no?, y daría que pensar que igual que no se puede maltratar a un animal, pues mejor que hacer que el niño, hoy en día, esté hecho con efectos digitales, pero bueno, nos lo saltamos, que esto es una apreciación más dentro de una opinión.

Ya llegamos al papel de ellos, los de los juegos divertidos. Los de los juegos divertidos, ¿tienen fallos?, pues si, tienen fallos. Tienen fallos porque todo sale como ellos pretenden… porque la película lo pretende, y desde ese punto se hacen dueños de una casa que desconocen, sin un físico especialmente afable, sin nada que los haga propietarios de nada de lo que va a suceder o acontecer. Uno de ellos, también está a un buen nivel, próximo al de ella, la madre, pero ya llega de nuevo el director con su afán de protagonismo para que todos volvamos a rendirle la pleitesía, esa pleitesía que no es que  me niegue, que no es que le niegue, que ya no es fruto de la repulsión que quiere causar, sino que es un paso un poquitín más allá, un pretencioso paso que sólo persigue estar por delante de todos, exactamente la antítesis de Wong Kar-wai director de “Deseando amar”, "2046",... la antítesis del arte comprendido como algo superior, algo limpio, honesto, terrenal y distante, al alcance de los capaces, y Haneke no reside ahí, omito en conciencia expresar donde reside.

El ego de Haneke arrasa con lo que tenga por delante, es el tsunami de “Lo imposible”, va a todas y no tiene límite, su límite estará en la muerte que es la de todos. Cuando muera, si muere antes que yo, no lo voy a echar de menos.

Advertido estoy de su cine e insisto que veré “La cinta blanca”, porque quiero verla y porque me gustaría cambiar la opinión que tengo de él, y me gustaría acceder donde mi capacidad no permite, donde mis limitaciones no me permiten.

Los títulos de sus obras. Las tres que he visto, una es “Amor”, otra es “La pianista” y esta “Juegos divertidos”, y… ¿qué me dicen los títulos de las obras?, pues que miente como un bellaco, que no va de amor, ni va de piano, ni va de nada divertido. Ya desde el título nos entrega más de lo mismo, que entremos engañados, para magnificar sorpresa si cabe.

Después de haber visto ya tres engaños, pues ya no, que en el cuarto no te va a engañar,  es incapaz de hacer una comedia a lo Billy Wilder. Este tío hace una comedia y salimos todos llorando de lo deplorable que ha sido la manera de expresarla, porque… porque es que, es que no está capacitado, es que no sentiría… no sentiría nada al hacerlo, por tanto todos acabaríamos diciendo ¿qué has hecho Haneke?, eras tan bueno y ahora ¿qué sucede?

Abusa de primeros planos y no es que abuse, porque la palabra tampoco es abusar, he dicho abusar y tampoco es abusar. Se aprovecha de primeros planos para dar una mayor carga, un mayor énfasis a lo que está ocurriendo. Estos planos los tengo vistos, mejores, en Sergio Leone; si me voy a “El bueno, el feo y el malo”, contiene un final apoteósico que da cien mil patadas a cualquier primer plano que haga el Haneke, y no sólo el final, también me viene a la memoria el principio, cuando tres individuos van en busca del que sería el feo, y la película empieza con un primer plano, que he recuperado para vosotros, de una brillantez y atrevimiento tremendo. Corolario: “nada nuevo o mejor, Haneke”

Haneke hace esos planos, y en verdad rostro y  expresividad de actores nos entregan lo que pretende, porque tampoco hay duda que cuando lo hace, lo hace con todo el sentimiento para trasladar lo que nos da. Otro tema es que lo que expreso, que lo que me da, me importa una puñetera mierda y no le voy a conceder ningún mérito que no se gane.

Por fin nos llega la hora del recreo. El recreo es ese espacio divertido, y como Haneke es tan divertido, pues  ¿qué nos va a hacer Haneke? ¡Exacto!, Haneke se va a desmadrar, y dentro del desmadre de Haneke ¿qué hay?, un ¡vamos a interactuar con el espectador!, ¡vamos a hablarle al espectador desde la pantalla!, desde ese sentimiento de temor, de asco, de indefensión, de miedo, de repulsión, desde ahí me voy a dirigir a ti, a vosotros, para que lo veas  un poquitín más cerca, ¿no?, para que estés más metido, por si no lo estabas bastante yo te meto un poco más. Como he visto ya dos, me digo ¡no me pillas!, ya no me pillas porque estoy fuera, estoy fuera de tu pretensión y al estar fuera de tu pretensión empiezo a ver todo de manera, no más distante, sino más crítica, mucho más crítica. Ya no voy a estar pendiente ni de cómo lo haces, ni de cómo lo filmas, sino de ¿qué pretendes?  Y lo que pretendes sigue sin interesarme, ya no te hago mucho caso Haneke, no te hago mucho caso y me chirría todo. Cuando das esta vuelta de tuerca ya estoy en un punto donde me parece algo… ¿la palabra?... ¿cuál es la palabra?, me parece…, me parece algo  estrafalario.

Sigue sin tener suficiente, porque como el tío no se sacia, él sigue a lo suyo y hay otra escena, otra en la que tienes un plano de cámara fija que durará entre 120 y 180 segundos, para que el espectador pueda dar rienda suelta a sus emociones, a su pensar, como asistir en primera línea a cómo han metido a Cristo en la cruz y está ahí colgao. Vale, vale, de acuerdo,  vamos a untar pan, Haneke, en esta salsa que nos has preparado. Hace rato que estoy fuera y aún queda minutaje, más o menos como ver una peli de terror sin efectos de sonido.

El final es más de lo mismo, crónica de lo anunciado. Bien, sintetizado de manera temporal y nunca mejor empleado porque hay una franja horaria donde debe ocurrir un todo, y un vuelta a empezar, un vuelta a empezar en una espiral que seguro tiene final en una vida real y que ahí también lo tendría; en la que no podemos negar su ocurrencia porque podría acontecer, pero es como aquel que coge un periódico antiguo, unos periódicos en los que había unas páginas que se denominaban sucesos, hoy le llaman sociedad,  y lo primero que hace es leerlas con morbosidad para acto seguido partir a las páginas de las necrológicas y luego, luego se miraba algo más hasta que llegara a sus manos el próximo ejemplar.

Haneke hubiera sido un buen director para un periódico que se llamó “El caso”, un periódico que en su día tuvo su triunfo, su público,  y que hoy ha mutado en los reality que dan por televisión, asistiendo a otros espectáculos de vida dantescos, que nos pueden causar más o menos repulsión.

No cabe duda que elige o hace mejor casting de los roles femeninos que de los masculinos, y así constatamos como Emmanuelle Riva en “Amour”, Isabelle Huppert en “La pianiste” y Susanne Lothar en “Funny games” son las que cortan el bacalao

¿Se puede ver la película?, bueno, no es apta para todos los públicos, y no sólo por razón de edad. Es un tipo de cine en el que lo que narra no aporta nada, nos vuelve a querer quitar, a quitar desde un contexto que no voy a decir parcial, voy a decir circunscrito a algo que él no desea ampliar, que quiere focalizar y no sale de ahí. Nunca quiere que veas que hay detrás porque siempre pretende que veas lo que muestra, y no es que lo consiga es que no nos ofrece  más. Sigo sin rendirle veneración de ningún tipo, sigo pensando  que es un egocéntrico, un narcisista, que abusa y se instala en la comodidad, en su habitat, en una habitación que nunca ha querido ventilar.

Cualquiera que haya llegado a leer hasta aquí debería hacer el ejercicio de ver una película francesa del 2005, "13 Tzameti" y tendrá un buen elemento de contraste. Dispondrá de otro ejercicio de cine durísimo, pero mejor en términos de persona, en términos de espectador, y si al arte de hacer cine nos referimos, al nivel de Haneke, nada inferior. Otro día hablaré de ella, lo merece.

Termino, veré “La cinta blanca”, deseo cambiar mi opinión, último cartucho que me queda, último que le queda.

Vaya tela mirar su cine.

Nos vemos. Nos leemos. Ciao.

viernes, 19 de julio de 2013

La pianiste

La pianista (2001) Michael Haneke - Francia


Bueno, ya nos hemos castigado y hemos visto la segunda película del Mijael, o Michael o como se llame, Haneke.

Pues bueno, ¿ésta como se llama?, esta se llama “La pianista”. Yo quería ver “La cinta blanca” y quería ver “Funny games”, y al final he visto “La pianista”.

¿Qué decir de “La pianista”?..., qué decir de “la pianista” para no cagarte en “La pianista”, o para no cagarte en el director.

¿Lo hacen bien los actores?, si, lo hacen bien, lo hacen bien. El papel del chico no mata, el de ella sí, el de ella es bestial. ¿La madre?, bueno la madre está correcta sin más, y todo lo demás son víctimas o gente que pasa sin más sentido que estar cerca de ella.


¿Qué pienso de Haneke?, ¿qué pienso de Haneke?, pues no pienso bien de Haneke. ¿Qué es un buen director? No lo sé, no le puedo poner nota porque yo no lo soy y no he estudiado cine. ¿Como espectador?, me cago en él, me cago en él pero no por lo que hace, sino porque parece que necesita esto para hacer. Parece que necesita… no diría lo sórdido, diría lo insano. Lo necesita como persona, para realizarse y para obtener el sentimiento que le permita filmar, lo insano, y a mí no me hace falta, como persona no me hace falta lo insano, ni que me lo enseñen, porque siempre esperas que el arte te dé algo, y esto no me quita, me resta. Me resta porque aun habiendo escenas que creo capta muy bien, y que traslada perfectamente algo que pertenece a lo privado, que por un momento estamos viendo aquella…, no diría intimidad, no diría intimidad, yo diría… aquellas ganas de que nadie vea lo que estás haciendo, que nadie sepa qué estás haciendo, esconderte, pues lo capta; hay una escena en el cuarto de baño de ella, que tampoco explicaré, pero… pero me parece, de largo, lo mejor de la película en cuanto a lo que traslada; hay más momentos pero serían mucho más cuestionables, y podríamos estar hablando de si sí, o de si no, que yo me inclino por el no.

¿Qué existe esto? Por descontado que existe lo que explica. Existe lo que explica  y muchas cosas más que no explica, pero por ejemplo sin… sin ir más allá creo que se puede leer a Pablo Coelho y también nos lo explica, y nos lo da con más plenitud, y nos lo da de una forma diferente, de una manera que sí que es más educativa; el Haneke no educa, el Haneke muestra, y muestra de una manera parcial. Parcial porque la historia es así, él no la puede cambiar pero él es el que la elije y la historia es así. El otro día hablaba con un amigo y le decía: “tú llevas a alguien a casa y le propones: ¿vamos a ver algo de cine?, y no le puedes meter una película del Haneke porque lo destrozas” Es decir, has de avisar muy y muy bien y has de saber muy bien con quien estás para ver la película, porque si la persona no está en un momento… pues predispuesto para lo que le vas a echar encima, o la acabarás parando, que es lo más probable, o acabará deshecha.

No es una película para verla antes de ir a dormir, yo la he visto, justo antes, y no estoy durmiendo, estoy hablando de lo que me parece que escribiré. Entonces, si la valoramos como cine, todo esto que decimos y tal, ¿qué nos ha parecido? Pues que sí, está bien, es correcta, tampoco para tirar cohetes, ¿ok?

¿Que lo filma?, sí, ya vi “Amour” de él y ahora he visto esta. Dentro de interiores, dentro de las viviendas maneja y se maneja bien con la cámara, por tanto he de pensar que  “Amour”, que es posterior, ha vivido, de momento, de lo visto aquí con “La pianista”, de haber movido las cámaras dentro de lo que es una vivienda, dentro de lo que son espacios cerrados, porque prácticamente espacios abiertos en la película no hay, o hay muy pocos, y los pocos que hay no son especialmente destacables en nada, que tampoco la película necesita, ¿qué quiero decir?, que no es que lo esté criticando, es que es lo que es, que si, se maneja bien, la actriz lo hace bien y te hace sentir, bufff, incómodo y muchas cosas, muchas cosas que pasan.

En cuanto a la película, ¿qué decir?, ¿los personajes?:

Ella
La entiendo, la entiendo. Dices, ¿es enfermizo?, hombre es… es, como decirlo, no es enfermizo, decir que está loca sería… sería hacer un diagnóstico rápido, ¿no?, como decir: “mira, me molesta, pues está como una puñetera cabra”, ¡no!; que tiene una desviación está claro, y por desviación no estoy diciendo malo, estoy diciendo lo menos frecuente, ¿de acuerdo? Por descontado que dentro de lo que yo catalogo para mi vida no es un comportamiento sano, no estoy juzgando a quien lo haga o lo deje de hacer, pero hay unas premisas que son el respeto y qué es lo que te encontrarás. Ella estas premisas no las tiene claras, no las tiene claras porque las traslada dentro de su entorno de una manera engañosa, de una manera que la gente ignora y por lo tanto el trato que está dispensando es muy parcial.

La madre (de ella)
¿La relación con la madre?… bueno, la relación con la madre no justificaría los actos, la relación con la madre justificaría otra parte de su vida que tampoco es la que la película quiere explicar.

Él
La relación con él, pues bueno, no, no, no está libre de ningún pecado él. "Él, experto cazador de conejos, nos dice: "¡mirad!, ¡mirad!, voy a cazar uno más" De repente, perplejos y acobardados, temerosos e incrédulos le gritamos: "¡que no!, ¡que no!, ¡que no es conejo!, ¡que es león!" Pero él, experto cazador, nos vuelve a aleccionar: "que va, que va, que es conejo nada más, pelín grande pero conejo como los demás. Escapó pero caza le daré" Y ahí se encaminó, ufano de rifle en mano, ese rifle que a tantos y tantos conejos abatió.

Ya decidimos dejarle, no por no advertir, sino por temor de bestia, instinto y que craso error provocará. Y así, cazador y conejo que siempre fue león entran en la habitación. Al cabo de 20 minutos, ya es tarde, el conejo nunca existió, la chistera nunca funcionó, y el león lo devoró, sin piedad, con fruición, con pasión, sin remordimiento, sin culpa, sólo instinto, nada más. Pobre experto cazador de conejos, disminuido de por vida se quedó" 


En resumen, ¿se ha de ver?, pufff,... ¿se ha de ver?..., si no se ve tampoco pasa nada. Si no tienes ganas de quedarte mal no mires esta película. ¿De qué habla? Diríamos que habla de sadismo, de masoquismo, habla de una aceptación que no quieres publicar, que no quieres hacer pública, y de la relación de esta personalidad con el entorno en el que vivimos, ¿no?, pues complicado, suficientemente complicado. Si hablamos sobre otros comportamientos que están más extendidos y que ya lo son, pues imagínate éste, es agárrate que vienen curvas.

Lo que decía, mejor mirarla de día que no de noche, si se sienta alguien en el sofá de casa,  avisadlo antes de que… no es que no sea película de palomitas, es que… es que no es película de comer nada, en todo caso un vaso de agua y…y bueno, todavía, todavía insistiré, todavía insistiré para cagarme del todo en el director este. A ver “Funny games” y a ver “La cinta blanca”, la primera porque parece que habla de una violencia extrema y gratuita, que también será cierta, porque quiero entender que será cierta, y la otra, la otra es la que tengo más interés del todo del todo, porque algo que he leído, y no en cuanto a críticas, sino en algún comentario, daba la sensación, de que…, y esto no lo sé todavía, y aunque lo vea la opinión tampoco querrá decir nada, pero hablaba de una justificación, de un intento de justificar el nazismo que en una época posterior llegó.

Bueno “La cinta blanca”, “The white ribbon”, nos la guardamos para el final, y una vez haya visto las cuatro películas del campeón este, pues si me he de cagar, me cagaré a lo grande, y diré lo evidente, pues que sí, que lo hace bien, pero que lo que hace no interesa, es parcial, es insano, y así como… como cuando recuerdo a mi querido Oliver Stone y digo que es el cronista de la historia norteamericana, pues a este le diré el cronista de lo insano, ¿vale?

Pues venga, gracias al que lo haya leído y bueno, es cine, hasta otra.

lunes, 15 de julio de 2013

Amour


Amor (2012)  Michael Haneke - Austria

Película de premios. Todo en ella está bien, demasiado bien, preparado para servir, caliente o frío, a cualquier hora. Relata la vida como es, al suceder en París nada de lo que ocurre nos resulta distante.

¿Estoy contento de haberla visto?, no. ¿Me ha aportado algo que no supiera o tuviera interés en ver?, no. ¿Es sorprendente en algún pasaje?, no. 

Es una película concebida para ir de festivales, bien interpretada, pero que si tengo 70 años no querría ver ni bajo pena de tortura. No es falsa, es tan cotidiana que te preguntas

¿y qué me estás contando? 

Las actuaciones son excelentes, sobre todo Emmanuelle Riva; próximas a una obra de teatro deprimente, real, y conocida. Desde luego que amor incluye lo que muestra "Amor", pero hay vertientes más amables, completas e imparciales; es más, más que amor, nos traslada en qué nos convertimos y a qué nos subyugamos por amar, que amor propiamente dicho. La realidad que enseña me la sé antes de que la ponga en imágenes, no hay nada positivo en ningún instante, sólo se dedica a mostrar como una llama se apaga pese a desespero y frustración fruto de la resignaciónNo es un amor bidireccional, es un amor entregado, poseído, después de una vida plena, después de una felicidad trabajada y merecida. No la volveré a ver, seguro.

Hay contrastes. Viven en un piso de techos altísimos, de anchos de pasillo inverosímil, pisos parecidos a los del ensanche barcelonés; en contraposición, observas una cocina alejada de nuestra actualidad, no hay lavavajillas, no hay microondas,... no hacen falta, pero en una estancia hay un piano de cola que navega en un mar de espacio y después de tantos años uno tiende a renovar baños y cocina por la mera erosión que ejerce el paso del tiempo, ellos no. Son gente austera, con una vida entregada a las artes, pasión por la música, por los clásicos y por la lectura. No hacen descargas, no hay portátil, no hay internet, no hay televisión, incluso leen el periódico de papel al acostarse, no sé si el director ha pretendido que asistamos también al fin de una era o ha sido casualidad; me olvidaba, sí hay un par de detalles tecnológicos de vanguardia, una cama electrificada, y una silla motorizada que ya habría deseado el Paul Newman de "La última locura".

Eso si, se esfuerza en enseñar a dos jubilados que pagan por asistir a conciertos, que compran CD's y que devoran libros de tienda; podría enseñarnos paseo o mención a la biblioteca pública, de más actualidad hoy que nuestro bienestar tiende a la extinción; pero no, será que algún patrocinador exigirá algún subliminal mensaje del tipo "Si ellos lo hacen, vosotros, todos, también debéis"

Sí hay una gran carga de frustración, desespero y resignación. Ya lo he vivido, como espectador de mi realidad, más de una vez, no me hacía falta que el Sr. Haneke me lo mostrara en sucesión de frames.

Hay trabajos que reciben el mayor elogio sin merecerlo, y éste es un claro ejemplo. Bien filmada, bien interpretada, de fácil guión, todo listo para servir rápido. Sólo uno tiene que mirar su propia vida, y si ha habido amor alrededor de ella ya sabe que es lo que hay, hubo y habrá. Los que no sepan qué es amar tampoco lo van a comprender.

Me parece una película preconcebida para críticos, crítica y exaltación cinematográfica. Para lo que ha hecho ya está la cruda realidad, las fotografías, la memoria y los recuerdos.

Una decepción en toda regla. Amor es mucho más. Amar es la lucha diaria que nos llevará en volandas al final que nos depare el destino.